De Sartre a Huntington, la mirada etnocéntrica

23.11.2011 10:31

 

Lo que sigue es una síntesis de un trabajo de 1999

 

Sartre La mirada.

El infierno es la mirada del otro, dice Sartre.Y así aparece en ‘Huis clos’, esta obra en la que nadie puede escapar de esa mirada que a cada uno lo descubre en aquello que prefiere ocultar.

La mirada del otro me hace existir, pero también me convierte en objeto, me cosifica, me cristaliza en una imagen que nunca podré conocer, ni modificarni justificar, tampoco.<!--more-->

El otro me mira y me ve como yo nunca voy a verme, y esa circunstancia provoca diferentes reacciones:

¿Cuál es mi reacción ante esa mirada que se me echa encima? Sartre menciona tres tipos de reacciones: el miedo, la vergüenza y el orgullo.

1. Siento "miedo", no angustia, lo siento porque pienso que mi libertad, mi identidad, está en peligro ante la libertad del otro. La mirada del otro hace que me cuide, el otro me ve en mi finitud

2. Otra reacción es la vergüenza. El otro ve aquello que nunca voy a ver de mi, me descubre como no puedo hacerlo yo. El otro me juzga y como no conozco su juicio, siento vergüenza, miedo u orgullo.

 3. El orgullo es la tercera forma de reaccionar ante la mirada del otro.

Así, la mirada del otro estrangula mi libertad y mi ser se aliena al ser un ser que es visto por otro. El otro es la muerte oculta de mis posibilidades en tanto que vivo esta muerte como oculta en medio del mundo. Sentirse mirado es dejar de ser dueño de la situación. La mirada cosifica.

 LA MIRADA ETNOCENTRICA

  

 Samuel Huntington

 

 

    Politólogo estadounidense, profesor de Harvard, ex consejero de seguridad del gobierno de James Carter. En su trabajo “The clash of civilizations” (El choque de civilizaciones),publicado en 1993,afirma que en el futuro el choque entre civilizaciones dominará la política internacional. Toma como punto de partida el fracaso del comunismo, el triunfo del capitalismo, y el fin de la guerra fría, para asegurar que las futuras guerras no tendrán un motivo económico o político. En el próximo siglo las relaciones internacionales estarán dominadas por la interacción entre occidente y las civilizaciones no occidentales. Esta situación dará lugar a un choque entre civilizaciones, con un retorno a las rivalidades étnicas y tradicionales.

       Huntington sostiene que existen ocho civilizaciones: occidental, confuciana, japonesa, islámica, hindú, ortodoxa eslava, latinoamericana y africana.

     Las guerras entre países occidentales podrán ser evitadas teniendo en cuenta la homogeneidad cultural de occidente. Los conflictos surgirán, seguramente entre occidente y otras civilizaciones.

      Plantea que no tiene sentido agrupar a los países según sistemas políticos, nivel de desarrollo económico, o categorías como primer o tercer mundo, sino que propone considerar a las sociedades separadas según criterios de cultura y civilización teniendo en cuenta las religiones tradicionales que hoy son factor de conflicto entre distintos pueblos.

     El choque de civilizaciones se produce  por los procesos de modernización económicos y cambio social que alejan a los pueblos de sus identidades tradicionales. Hay una diferencia fundamental en cuanto a la importancia que cada civilización le da  a los mismos valores. Estas diferencias propician una necesidad de reafirmación de la identidad que lleva a establecer relaciones de oposición cultural entre un grupo y otro.

     El criterio según el cual Huntington clasifica las civilizaciones puede parecer arbitrario, sobretodo cuando queremos delimitar el ámbito de lo que él denomina “occidente”, y aparece latinoamérica como una civilización diferente de la occidental. En realidad Huntington designa con el nombre de occidente a los países capitalistas desarrollados: Norte América y Europa.

     En cuanto a las relaciones internacionales reconoce que las decisiones tomadas  por los más importantes organismos internacionales como la O.N.U. y el F.M.I., responden a los intereses de la civilización occidental.

     El choque de civilizaciones cuyos valores e intereses son diametralmente opuestos es inevitable, previéndolo, Huntington considera que occidente debe reforzar su poder económico y militar para proteger sus intereses.

     En su descripción de las relaciones internacionales presentes y futuras, Huntington va mostrando en forma cada vez más acentuada la seguridad de que los valores occidentales, y en particular los estadounidenses son superiores. En esta visión sin duda etnocéntrica, señala que los valores más importantes de occidente, como el individualismo, el liberalismo, los derechos humanos, la democracia y el libre mercado, carecen prácticamente de importancia en otras culturas.

      Si nos remitimos a la cultura Latinoamericana, considerada diferente de la occidental por Huntington, podemos apreciar que tanto Huntington como los politólogos que él mismo cita para reforzar sus afirmaciones, coinciden en considerarla guiada por valores inferiores a los occidentales. Las apreciaciones de Huntington conducen a afirmar que para progresar, o acceder a un mejor nivel económico y cultural, los latinoamericanos deberíamos permitir que la cultura occidental,(particularmente la americana) interviniera para producir en nuestra sociedad los cambios necesarios para lograr una ‘occidentalización’. 

 

Sobre este tema dice el autor:

         “...Es muy difícil (cambiar la cultura de una nación).Ha habido varios casos y sus experiencias no han sido enteramente positivas. Los problemas que enfrentan los mexicanos son un poco menores que los de otras naciones como Turquía o Rusia, ya que hablan un idioma derivado del latín y son en su mayoría católicos: su brecha con la cultura occidental es menor. Sin embargo debo señalar que resulta sumamente complicado producir cambios esenciales en su sociedad y cultura...”

 

     Cuando se refiere a las características de la cultura latinoamericana dice:

“...Desde el punto de vista sociopolítico hay que marcar la inestabilidad de las instituciones  y los períodos de tiranía. También la influencia penetrante de la cultura autoritaria y jerárquica proveniente de España, y la falta de confianza en el sentido de responsabilidad cívica que ha existido en muchos países latinoamericanos. Por último está el papel marginal de una ética del trabajo, que desde el principio cumplió un rol fundamental en occidente. Estas diferencias no las marco sólo yo, sino varios autores que estudiaron el tema, como Mariano Grondona y Lawrence Harrison...”

     Lawrence Harrison es un ex diplomático estadounidense que trabajó en la Agencia para el Desarrollo Internacional del Departamento de Estado por más de 20 años, fue investigador en Harvard y actualmente es docente del Instituto Centroamericano de Administración de Empresas, con sede en Costa Rica. Recientemente publicó una obra,”El sueño panamericano”, en la que plantea duras críticas a la cultura latina. Esta obra es la tercera que publica sobre el tema, a cuyo análisis ya ha dedicado muchos años de investigación.

 

Sobre las diferencias entre la cultura latina y la de Estados Unidos expresa:

   “...La explicación principal para esta brecha se encuentra (...)en la diferencia entre la cultura anglosajona, protestante, y la iberocatólica (ésta) presenta una cierta renuencia frente al trabajo, un temor al cambio, y se interesa más en el pasado y en el presente que en el futuro...”

   “...América  Latina tiene una cultura poco apta para el progreso, o no tan apta como otras, al menos. Una corriente migratoria  muy grande de ese origen  puede traer cambios que no ayuden a los Estados Unidos en su desarrollo capitalista (si la inmigración) es muy grande, puede haber zonas donde el crisol de razas empiece  a ser dominado por la cultura hispana. Y quizá se perpetúen valores que reproduzcan las patologías políticas, económicas y sociales de América Latina...”

 

…………………..

 

       Aunque pasaron muchos años desde que Sartre publicara su obra, y el mundo ha sufrido desde entonces importantes cambios, es posible mirar la realidad desde una óptica sartreana en muchos aspectos.

     Las ideas de libertad y responsabilidad son adecuadas para la categorización del hombre actual: situado en medio de un sistema ultraliberal, rodeado de otros hombres a quienes sólo interesa el éxito o la supervivencia individual, es posible que a muchos la libertad se les aparezca como una pesada carga. No sólo la propia, sino también la del otro, que la utiliza sólo en beneficio propio.

     Es probable también que muchos hombres se sientan solos, arrojados en una circunstancia que no eligieron, en la cual sin embargo se encuentran comprometidos .Pero lo que sin duda podríamos aplicar al análisis de la realidad actual, como a la de cualquier época, es la visión que Sartre presenta de las relaciones interpersonales, y mutatis mutandis, podríamos desde esa óptica considerar nuestra ubicación en el contexto internacional.

     Es el punto de vista del latino, más aún, del latinoamericano, que se sitúa y se ve a sí mismo bajo la mirada del otro. La mirada del anglosajón que pertenece a un país rico, poderoso, que decide.

     El otro, el prójimo, me  mira desde el hemisferio Norte, desde el lugar de poder, y con su mirada me hace sentir que no tengo la capacidad necesaria para progresar, que no me interesa y probablemente nunca llegue a interesarme ser honesto, ni mantener una conducta cívica adecuada. Incluso llega a sentenciar que si un gran número de personas que se me parezcan ingresaran masivamente a su mundo podrían perjudicarlo con sus valores.

     Desde este punto de vista se hace verdadero  que la mirada del otro me hace sentir vulnerable, porque me considera un objeto, un utensilio adecuado para lograr sus fines. El otro desde su sitial privilegiado desde su lugar en la O.N.U.  o el F.M.I.,llega a decir que gracias a que los  que son como él nos ganaron la guerra de las Malvinas pudimos recuperar la democracia. Sin su humanitaria intervención seguramente no hubiéramos sido capaces de lograrlo.

 

 HUNTINGTON:

   “...Estoy seguro que la historia va a demostrar que fuimos muy activos promoviendo la democracia en América Latina durante el gobierno de Reagan. Más aún, respecto de la Argentina desempeñamos un papel crucial en la caída de Galtieri y el gobierno militar, la ayuda que brindamos a Gran Bretaña en la Guerra de las Malvinas. Si los ingleses no hubieran ganado esa guerra, el régimen militar nunca hubiera dejado el poder...”

     Cuando analizamos estas expresiones y tomamos conciencia de que esa es la evaluación que el prójimo hace de nosotros, también podemos aplicar la descripción que hace Sartre de la relación entre conciencias.

 

      El otro nos ubica  en un contexto espacio temporal   que según su mirada nos determina a ser diferentes e inferiores. Ante esta calificación es lógico experimentar las reacciones subjetivas de las que habla Sartre: vergüenza ante la mirada despreciativa; miedo y sensación de esclavitud cuando advertimos que quien nos desprecia ocupa lugares preponderantes en las organizaciones internacionales como la O.N.U. y el F.M.I., que (teniendo en cuenta nuestra situación como país pobre, deudor) deciden nuestro destino como estado y por ende como  individuos.

      Pero siguiendo la exposición sartreana debemos llegar a la conclusión de que la verdad no está en  una ni en otra mirada sino en la ambivalencia y la interacción

     Surge entonces la pregunta: cuál es la respuesta que nosotros ofrecemos a la mirada del otro?

      Podrá nuestra mirada  ofrecer el orgullo por lo que somos, la restante reacción subjetiva, según Sartre?